SANCHUELO

A la muerte de Abd al-Malik, su hermano le sucede. El tercer “amirí”  se llamaba Abd al-Rahman iben Sanchul, conocido por las crónicas como Sanchuelo. Era hijo de Almanzor y Abda, hija de Sancho Garcés II de Pamplona y Urraca Fernández. Decían que el parecido con su abuelo materno le otorgó el apodo. La sucesión como chambelán del califa, se hizo inmediata.

En su testamento, Almanzor, había advertido a sus hijos, que sólo conservarían el poder, si respetaban escrupulosamente la apariencia de la legalidad califal. Sanchuelo era muy joven, cuando sube al poder, sus antecesores, hermano y padre, sabían muy bien como era, y nunca se hicieron muchas ilusiones con sus capacidades. Era mediocre, por lo tanto vanidoso. Sin embargo, el califa Hisham II y Sanchuelo, se llevaban de maravilla. Les gustaba divertirse juntos. Asistían a fiestas donde sobraba el alcohol, los bufones e invertidos, a veces duraban noches y días enteros. El pueblo estaba terriblemente en contra de esta actitud, esa muestra depravada de excesos y opulencia, creaba un malestar que separaría al pueblo de sus dignatarios.

Una mañana de principios de 1009 se supo en Córdoba, que había ocurrido lo increíble. Hisham II, califa de Al-Andalus, descendiente directo de los primeros califas del Islam, descendiente de Abd al-Rahamn el inmigrado, el que tuvo que huir de los abasíes, que durante cinco años vagó para salvar su vida y su linaje, que consiguió que los Omeyas volvieran a ser califas, ese día Hisham , nombraba sucesor a un príncipe no Omeya.

Entronaba al hijo de aquel escriba, que gracias a su astucia y dotes se convirtió en caudillo y protector del califato. Aquel impío y borracho Sanchol era nombrado sucesor. Ni Almanzor ni Al-Malik, jamás se hubieran atrevido a tanto, una medida así sólo podía soliviantar a toda la población musulmana, pues Sanchuelo carecía de inteligencia, pero se hizo asegurar el respaldo de los altos dignatarios del Estado. Éstos estaban incondicionalmente con los amiríes desde la llegada de Almanzor a la corte. Hisham no tenía hijos que le sucedieran. El decreto califal despejaba la incógnita de su sucesión, pretendiendo así, dar tranquilidad a la población, y basando su decisión en la inspiración divina que le aconsejaba a elegirlo, ya que nadie era tan digno como él para tan alto cargo. Evidentemente esta elección no fue ratificada por el pueblo. Los descendientes de Abd Al-Rahamn III, que eran muchos, crearon el malestar.

En la España cristiana, estaban al tanto de lo que sucedía en Córdoba,  por eso los reinos cristianos comenzaron a hostigar las fronteras. Sanchuelo decidió emprender cuanto antes, una campaña contra ellos. Aunque era enero, los caminos estaban anegados por las lluvias, quería lograr una victoria militar. La verdad es que este personaje, estaba poseído por una predisposición al fracaso. Era un hombre inútil, terco y temerario. Abandonó Córdoba en medio de un temporal de lluvia, llegó hasta las montañas de León, sobreviviendo a penurias, extraviándose con todo su ejército entre tormentas y nieve, no encontró nunca al enemigo. Solo cuando los caminos quedaron intransitables por el barro, dio la orden de desplegarse hacia Toledo. Fue allí donde le dieron la noticia, en Córdoba había estallado una rebelión.

Continúa con.. Muhammad II. La rebelión y el principio del fin.

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Texto Mar Carmona. Amedina Córdoba

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