MONUMENTO AL OBISPO OSIO

Encontramos el monumento al obispo Osio en pleno centro de la ciudad de Córdoba. Al final de la calle Torres Cabrera, nos aguarda una pequeña plaza, en cuyo centro se alza una solemne estatua del Obispo cordobés y Padre de la Iglesia, Osio. La plaza de las Capuchinas, toma el nombre del edificio que la enmarca. En primer lugar, el convento de las Capuchinas se funda en 1655, sobre unas casas solariegas que pertenecieron al conde de Cabra desde el siglo XVI.

El monumento al obispo Osio es obra del escultor Lorenzo Coullaut Valera, inaugurado el 27 de abril de 1926. Numerosas personalidades asistieron al evento, encontrándose presente el representante del santo Padre, Pio XI, Monseñor Tedeschini, que presidió el acto junto con el entonces obispo de Córdoba, Adolfo Pérez Muñoz y el alcalde Pedro Barbudo.

Primero, en el pedestal de la escultura, en sus cuatro costados, encontramos bajorrelieves que nos hablan de su vida. El personaje aparece en bulto redondo, con su brazo derecho alzado, en defensa de su fe.

Ciertamente, El obispo Osio, fue uno de los personajes más destacados de su época. Muchos son los autores que afirman que era natural de Córdoba, naciendo hacia el 256. Criado en el seno de una influyente familia romana, ya en el 295 era obispo de Córdoba. Sobre todo, destaca de sus logros su fama de santidad y su pensamiento  dentro de la vida de la Iglesia en la antigüedad. Parece que su gran fama de teólogo la adquirió tras su participación en el  Concilio de Elvira.

Uno de los primeros problemas con que tuvo que enfrentarse tras su ordenación como obispo, fue la gran persecución de Diocleciano contra los cristianos, que duraría hasta el 305. Estos hechos le definirán como un testigo valiente de la fe. Finalmente, terminada la persecución y a raíz del Edicto de Milán, en el 313, a través del cual, los cristianos dejaban de ser perseguidos y podían procesar libremente su fe.

Hallamos a Osio en íntima relación y comunicación con el emperador Constantino, parece ser que desempeñando una función de consejero. Posiblemente fue el artífice de su conversión al cristianismo. Presidió los concilios de Arles en el 314, de Nicea en 325 y de Sárdica en 343. Su principal actividad fue combatir y condenar el arrianismo. Herejía que tuvo su origen en las ideas de Arrio, se caracterizaba por negar que Jesús tuviera la misma condición divina que Dios Padre. Comenzó a extenderse en Alejandría. Allí fue enviado para mediar entre Arrio y San Atanasio, Osio combatió la herejía con ahínco toda su vida.

De hecho, él mismo redactó el Credo: “Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador de todas las cosas…” el emperador Constancio II, convertido al arrianismo, temiendo la influencia de Osio, intentó acabar con su poder, dejaba éste bien claro en una carta, que no había posibilidad de traicionar a la verdad. En su epístola, aparece el primer texto que hace referencia a la separación entre autoridad eclesiástica y la  autoridad civil. Compareció ante un concilio arriano donde fue torturado, un año más tarde, a la edad de ciento y un año, moría este solemne e inquebrantable hombre.

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Texto: Mar Carmona Balboa

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Obispo Osio

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