MONUMENTO A LOS ENAMORADOS

A espaldas del antiguo Alcázar musulmán, junto al lugar que se dedicó a los baños, se encuentra hoy un espacio denominado, Campo Santo de los Mártires. Los mártires de la Córdoba musulmana, murieron allí como testigos de su fe. Esta zona ajardinada desde el siglo XIX, acoge el monumento a los enamorados, o a los amantes. Inaugurada en el año 1971, cuyo autor es Pablo Yusti Conejo. Homenaje a la tortuosa relación que mantuvieron dos grandes poetas del siglo XI en Córdoba. Un templete sostenido por columnas con capiteles califales, en cuyo centro se encuentra un bloque de mármol, donde se recogen los poemas que ambos se intercambiaron, escritos en árabe y castellano. Sobre este pedestal, unas manos se buscan, se acercan, y casi se tocan.

Tengo celos de mis ojos, de mi toda, de ti mismo, de tu tiempo y lugar. Aun grabado tú en mis pupilas, mis celos nunca cesarán.  Escribió la princesa Wallada.

Tu amor me ha hecho célebre entre la gente, por ti se preocupan mi corazón y mi pensamiento. Cuando tú te ausentas nadie puede consolarme. Y cuando llegas todo el mundo está presente. Escribió Ibn Zaydum.

Eran los años finales del califato, cuando este poeta y esta poetisa, mantuvieron una intensa relación. En este período en Córdoba tuvo lugar una innovación en la poesía, que le separaba de un origen clásico de temas primitivos.  Ibn Zaydun nació en Córdoba en 1003 y murió en Sevilla en 1071, fue un poeta árabe andalusí, que renovó la lírica amorosa, fue considerado uno de los mejores poetas hispano- musulmán, se convirtió en modelo de la poesía árabe occidental , y  lideró el idealismo neoplatónico.

La princesa Wallada nació en Córdoba en 994 y murió en esta ciudad en 1091. Fue una poetisa andalusí.  Es más, era hija de un califa de Córdoba, efímero en su mandato, Muhammad al-Mustakfi. El rigor del contexto árabe medieval, no impidió que esta princesa destacara por sus dotes literarias, su seguridad y su empeño en tener un papel activo en la sociedad de su tiempo. Así mismo, heredó los bienes al morir su padre, al no tener hijos varones. Era rubia, inteligente, culta y orgullosa, dejaba ver su rostro sin velo. Con veinte años de edad Wallada conoce al apuesto poeta Ibn Zaydun. Comenzarán una intensa y complicada relación.

Él pertenecía al clan Banu Yahwar, rival de los Omeyas, al cual pertenecía la princesa. De hecho, este halo de misterio y dificultad, no hizo otra cosa más que alimentar un amor prohibido. Un romance oculto, donde los jóvenes expresaban sus sentimientos a través de la poesía, bellos versos cargados de una pasión que sólo lo inalcanzable puede alimentar.

A pesar del amor que el poeta profesaba a la princesa, fue descubierto en actos amorosos con una esclava. Al sentirse traicionada, Wallada llenó de reproches sus versos. Estos fueron contestados con dosis de pesar y arrepentimiento por parte del poeta, para obtener su perdón. Aún así, la poetisa se vengó iniciando un romance con el enemigo del poeta. La venganza y el reproche dieron lugar al destierro de Ibn Zaydun. Éste permaneció en Sevilla hasta su muerte, lejos de su amada y la princesa nunca se casó.

Cuenta la leyenda que en este lugar donde hoy sus dedos casi se tocan, se declararon su amor, y declararon que sería eterno. Al menos hasta el día de hoy, lo sigue siendo.

Si quiere conocer el monumento a los enamorados, o si quiere una experiencia de Córdoba única, el equipo de Amedina Córdoba, estará siempre dispuesto. Consulte nuestras visitas guiadas y tours, o si lo prefiere opte por un guía privado. Nos gusta Córdoba. Le gustará a usted.

Texto: Mar Carmona Balboa

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