Mezquita fundacional

Cuando Abd al-Rahman I, aquel que llaman el emigrado, presiente su ocaso, comienza a gestar la que será su obra más recordada. La materialización de sus logros, cobran vida con la Mezquita fundacional.

Treinta años después de su conquista de Córdoba, y más de setenta desde la toma musulmana, comienzan con premura los trabajos que levantarán un templo, que si bien desde su propia concepción estaba destinada a ser la más bella y la más grande de occidente, probablemente ni el propio emir de la ciudad independiente del califato Abasí, podría haber previsto la repercusión de tal construcción. La Mezquita Aljama de Córdoba se convertirá en un referente para el Islam, y un símbolo de poder para el musulmán, cristiano o judío.

Sin embargo, Abd al-Rahman I no dispone de ninguna referencia en occidente, sobre la que sustentar su proyecto.  Sus alarifes tendrán que buscar inspiración en otros oratorios islámicos más allá de Europa. La Mezquita Al-Aqsa de Jerusalén, y la de Damasco, de la que además reproduce su orientación, son los templos que inspiran la planta basilical.

Los fieles a la causa Omeya, habían llegado a Córdoba para conquistarla, con armas y voluntad guerrera, pero con escasas nociones arquitectónicas, o tradición constructiva. Y con tal motivación bélica, el estímulo artístico queda relegado a un último plano. Sin embargo, esto solo supuso uno de los desafíos más importantes superados con la construcción de la Mezquita fundacional. Pues estos “guerreros” serán los que acompañen al posterior emir independiente del Califato abasida, a tomar la ciudad, y a forjarla después. E incluso serán los responsables de levantar un Templo que aún hoy en día, más de doce siglos después, sigue sorprendiendo y evocando suspiros de asombro, a todo aquel que se pasea entre sus columnas.

Sus enemigos siempre acusaron la falta de implicación religiosa del Omeya. Y los musulmanes, cada vez más numerosos en una ciudad creciente, acuden a rezar a un edificio cristiano, la basílica de San Vicente, que cada vez se antoja más pequeña, y por ende incómoda. De esta manera, el emir comprará el lugar, por el que paga la generosa cantidad de 10.000 dinares, y sobre ese solar proyecta su gran obra. La Mezquita Aljama, permitirá subsanar ambos problemas.

El mérito se antoja mucho mayor cuando se comprende, que la idea de su cercana muerte impulsa a Abd al-Rahman I a completar su obra con la mayor rapidez posible. Y así, sin preparación sólida, sin referentes cercanos, sin artesanos  experimentados, y con escaso de tiempo, el emir Abd al-Rahman  I, pudo asistir a misa, en su Mezquita, antes de morir. Según las referencias  de Ibn Idari,  en su crónica “Fath”, apenas se demoran 10 meses en completar las once naves y cerrar los muros. Será su sucesor Hixam I, quien la termine, al concluir las obras del patio y del primer alminar que tuvo la Mezquita fundacional.

Al contrario que en la Mezquita de Damasco, donde las naves se disponen paralelas a la quibla, pero de la misma manera que sucede en la Mezquita Al-Aqsa de Jerusalén, en el oratorio cordobés, las once naves de arcadas superpuestas discurren perpendiculares al muro de la quibla.

Con todo esto, el primer momento en la existencia de tan peculiar templo, le concede una suerte de código genético. Como si de un ser vivo se tratara, en su concepción recibe ciertos dones que serán identitarios e inmutables hasta su actualidad. Por mucho que el paso del tiempo tenga sus consecuencias, no logrará alterar esas cualidades, de hecho le concede una mayor valía, como sucede con la experiencia. Un templo que parece escuchar los rezos y plegarias, de todos esos cordobeses, y no cordobeses, de una y otra religión, que durante siglos han buscado amparo entre sus columnas.

También, en ese primer momento, será  cuando la Mezquita adquiere uno de sus rasgos  genéticos más personales y peculiares. Una mirada al Sur. Una mirada heredada de su progenitor, Abd al-Rahman I, que cuando oraba en las Mezquitas de Damasco, siendo sólo un niño, fijaba su mirada al Sur. Pues desde Damasco, la ciudad santa de la Meca, se encuentra al sur. No es así desde Córdoba. Desde la península ibérica la dirección hacia donde Mahoma comenzó a divulgar el Islam, se encuentra hacia el Sureste. Será la deferencia al orden urbanístico  preexistente, y la voluntad de respetar las propiedades y costumbres precedentes a su llegada, lo que impulse al emir Omeya, a aferrarse a una tradición propia de su tierra natal. De esta manera, también respeta los preceptos coránicos. (Corán 2, 136-145)

El legado que dejará, no solo cumplirá la intención de Abd al-Rahman I de ser recordado, si no que lo hará con una grandeza sólo comparable a su propia historia personal. Muchos grandes mandatarios hicieron levantar grandes construcciones con el fin de ser rememorados en la posteridad. La obra de Abd al-Rahman I,  supera con creces las propias expectativas del Emir.

La repercusión de la Mezquita fundacional de Abd al-Rahman I, provocará enormes influencias en  muy diferentes campos. Historia, arte, arquitectura, religión, sociedad y cultura se verán  afectados por su código genético.

Asimismo, importante es el peso que las civilizaciones anteriores dejan en la Mezquita de Córdoba. La huella romana, helenística, visigoda acabará fusionándose, con el arte islámico  y cristiano, convirtiendo este edificio en una auténtica piedra roseta del arte en Europa.

Las arquerías superpuestas, en las que la combinación de la piedra y ladrillo nos deja ver la influencia romana, suponen uno de los aspectos más característicos del edificio, y la materialización de su impacto  en la arquitectura universal. Aún hoy, podemos encontrar construcciones recientes, o no tan recientes,  con la evidente  fuerza estética del bicolor en las dovelas.

El arco de herradura es otro referente islámico en la arquitectura, si bien es conveniente considerar su precedente uso visigodo. No obstante, el uso y abuso de este tipo de arco  lo convierte en característico del arte musulmán.

Por otro lado, cabe destacar el origen de otro arco genuino por su uso. El nivel superior de las arquerías superpuestas, lo conforman arcos de medio punto que soportan el peso del techo artesonado, y del tejado a dos aguas. Pero el nivel inferior está  compuesto por arcos de herradura, que sirven de entibo. Evitan que la estructura pandee, u oscile, pero no soportan el peso. Nace así, el arco libre. Un recurso arquitectónico genial, que permite jugar con el arco, colocándolo en lugares y de formas que hasta entonces no se habían aplicado. Así lo encontraremos a partir de ahora en puertas y fachadas, de manera más decorativa que estructural. Este recurso que aquí nace, se aplica y desarrolla, y con el tiempo produce genialidades como el Mihrab, o cualquiera de los accesos de este templo.

Todas las fachadas y puertas de la Mezquita de Córdoba, encuentran su precedente en la Puerta de los Visires. Este acceso occidental perteneciente a esta Mezquita fundacional, la proyecta Muhammad I  en el 855. Así lo indica la inscripción más antigua de todo el templo, y supone la primera consecuencia de este arco libre que nace en la Mezquita fundacional.

Ante las dificultades que se le presentan a Abd al-Rahman I, la inexperiencia de los obreros y el escaso  tiempo del que dispone, la solución pasa por la reutilización de los materiales. Las diez arcadas superpuestas, que dividen el templo en once galerías, se sustentaban sobre casi 150 columnas, la mayoría de mármol, capiteles y cimacios, de factura romana y visigoda.

A día de hoy, no se pueden encontrar todas esas columnas, pues muchas de ellas se han perdido, y/o cambiado de lugar. La intervención del siglo XVI, el crucero catedralicio,  exige retirar algunas de las columnas del lado oriental, de esta Mezquita fundacional. De las columnas que sustentaban los once arcos que conformaban la fachada de la sala de oración, algunas quedan embutidas desde 958. En este momento el primer califa cordobés,  Abd–al Rahman III,  se ve obligado a construir un segundo muro  para evitar el desplome del edificio.

La planta de la Mezquita fundacional, era casi cuadrada. Los muros se componen de sillares de piedra caliza dispuestos a soga y tizón. Una longitud ligeramente superior del muro Sur, impide un trazado rigurosamente paralelo de los muros laterales. Las dimensiones que hoy disponemos, las obtiene Félix Hernández, quién las dimensiona en su lado exterior. Para el muro sur en 79,021m., para el muro occidental, 78,88m.  La longitud de la sala de oración, con 37,86m, es ligeramente superior a los 36,57m. del patio. Los 2709m. cuadrados, suponían una capacidad para 5000 fieles. De esta manera, era  la mayor sala de oración de todos los templos islámicos de occidente. Sólo si contamos la superficie del patio en ambos templos, la mezquita de Cairuán la superaba. Aunque no podía competir con los oratorios orientales de Medina, Damasco o Jerusalén, la Mezquita Aljama de Córdoba resultaba imponente en occidente.

En su origen el pavimento fue de cal y arena, pintada en rojo almagra, y sobre ella se colocarían las típicas esteras litúrgicas. La pavimentación actual en mármol blanco de Macael, obra de Ricardo Velásquez Bosco, lo aleja de su apariencia primitiva. El maestro a su vez, desentierra las basas de algunas de las columnas de la Mezquita fundacional. Aunque las oculta discretamente, se volverán a recuperar con Félix Hernández en 1931. .

No todas las columnas de la Mezquita fundacional presentan basas. Ni volverán a aparecer (sólo anecdóticamente), en las ampliaciones posteriores. Ello responde a que las columnas, cimacios y capiteles, son piezas romanas y visigodas dispares en su talla, y diferentes en su medida.

El nivel constructivo de referencia, no está a nivel del suelo, sino donde arrancan los arcos. Se corrigen las diferentes medidas, mediante la colocación de dichas basas, o rebajando el nivel de suelo.

La intención inicial al construir la Mezquita Aljama, es la de crear un lugar amplio, abierto, diáfano. Debiera tener gran capacidad para los fieles y buena acústica, para bien oír al imán, que se sitúa en el Mihrab. Por eso, las columnas son el mejor sistema de sustentación. Es la pieza que ocupando menor superficie, permite sostener la estructura.  Sobre las columnas, capiteles y cimacios troncopiramidales, y a medida que se sube en altura,  los pilares van ensanchando. De esta manera, la anchura es suficiente como para crear un pequeño canal en su interior, que permitirá el desalojo del agua, que por el tejado a dos aguas discurre  hacia él.

Para visitar la Mezquita-CatedralMedina Azahara o cualquiera de los lugares de interés, consulte nuestras visitas guiadas y tours, o si lo prefiere opte por un guía privado. Nos gusta Córdoba. Le gustará a usted.

Texto: Nacho Calero. Amedina Córdoba

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