Altar de la Encarnación, y San Juan Bautista

El altar de la Encarnación esconde una de las historias más curiosas de todo el Templo. Y es que  el retablo de este enclave,  ocultó  durante siglos un interesante fresco  del bautismo de Jesús.

Así, esta pintura mural anónima, fechada en torno a 1390, permaneció oculta desde que en 1475 se colocara la tabla de la Encarnación.  Se trata de una pintura al temple sobre mortero de cal y arena, que mostró evidente necesidad de ser restaurado cuando se descubre más de cinco siglos después.

Será un 27 de Marzo de 1989, cuando al retirar el retablo del altar de la Encarnación, (tabla de la Encarnación) obra de Pedro de Córdoba, sale a la luz esta peculiar pintura. Se restaura dos años después. Será  la mano de Anabel Barrena, técnico en conservación y restauración, la encargada de realizarla. De hecho  será ella misma quien  solo un año antes lo hizo sobre la tabla de la Encarnación.  Más tarde también ha trabajado en otras recuperaciones tan importantes como la Puerta de Santa Catalina, ó la capilla de San Mateo y Limpia Concepción de Nuestra Señora.

Esta pieza tan singular de la Catedral, que  tiene importante influencia italogótica, presenta la escena del bautismo de Jesús como motivo principal. Mientras dos ángeles, uno a cada lado, presencian la escena.

Las referencias de 1454 a este altar, de San Juan, lo sitúan entre las capillas de San Antolín y San Antonino y Santa Inés. Pero en 1463, momento en que es denominado como altar de la Anunciación, comienza a proyectarse un nuevo destino para él. Pio XII concede bula para quién visite este altar  de la Catedral el día de la Anunciación.

Mas tarde, recibe el nombre de la Encarnación desde el momento en que se coloca el nuevo retablo. Con todo esto, la tabla de la Encarnación, de Pedro de Córdoba, se considera un de las obras maestras de la Mezquita-Catedral de Córdoba.

De esta manera, este peculiar retablo toma el relevo de su original fundación, de San Juan Bautista,  presentando al  santo junto a su creador Juan Muñoz. Ambos aparecen en primera instancia junto a las imágenes de Santiago y el segundo fundador, Diego Sánchez de Castro. Completan la escena más cercana al observador las representaciones de San Lorenzo, San Pío, San Ibo de Bretaña y Santa Bárbara.

En un plano más alejado, pero con las imágenes en mayor tamaño, centran la escena las figuras de María, el arcángel San Gabriel. Escorada, en una ventana, la imagen del Padre Eterno. Todo ello se soporta sobre un alto pedestal con un hermoso alicatado mudéjar.

Finalmente el altar de la Encarnación se coloca en la capilla de San Antolín y San Antonino, dejando perfectamente visible el fresco del bautismo de Jesús ideado en el siglo XV donde hoy podemos admirarlo.

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Texto: Nacho Calero

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Altar de la Encarnación

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Bautismo de Jesús
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