LOS ALMORÁVIDES

Nació este pueblo de la creencia de que la fe era el motivo. Su primera ocupación fue criar camellos, su fuerte ideología los dotó de un arte para guerrear. Ejército y estado eran una única cosa. Esta identidad bien definida, hizo que rápidamente se unieran individuos que buscaban estos ideales.

Un tal Yusuf ibn Tasufin pactará con su primo para ir delimitando un terreno y construir un estado. Si uno lo hacía en el norte, el otro se dedicaba al sur. Así fue como Yusuf, en 1062,  fundó la ciudad de Marraquech, extendiendo su poder por Marruecos y Argelia.

La fortaleza de un pueblo, lo que hace que se convierta en Estado, es sin duda la unidad. Es la sensación de sentir que se pertenece a algo. La victoria para un ejército, le es asegurada cuando su contrincante está dividido, desunido y enfrentado a otros posibles contrincantes. Fue así como rápidamente este pueblo se extendió por las regiones cercanas. Partían de un modelo jurídico ya elaborado, como era la escuela malikí  y debían obediencia al califato abbasí, con capital en Bagdad.

La fama guerrera de los almorávides cruzó el Estrecho. En Al-Andalus, la situación era muy complicada. Abundan las taifas desunidas y casi rivales, y los ejércitos cristianos, como rapiñas, mordisqueando retales y trozos de territorios a base de luchas constantes. La pérdida de Toledo había sido un duro golpe.

La desesperación, a veces, llama a la imprudencia, y Mutamid de Sevilla, junto con otros reyezuelos de otras taifas, llamaron a Yusuf. Precavidos los andalusíes, hicieron firmar un pacto a los almorávides. Vendrían, lucharían, ganarían y se irían. Algeciras, sería su base y en 1086 las tropas de Yusuf fueron al encuentro de Alfonso VI, cerca de Badajoz, donde se libró una batalla terrible para los cristianos. Pero esta victoria era sólo una y aislada. La España musulmana seguía igual de desunida, de fragmentada y los cristianos igual de decididos. Es por este motivo, que Yusuf fue llamado de nuevo.

Volvió a venir y a vencer, pero existía un problema, Yusuf ya conocía el terreno y a las gentes. Rápidamente él y sus hombres, notaron la excelencia de la tierra y el mal gobierno de los hombres. Los gobernantes andalusíes no tenían esa fuerte unión a través de lo religioso. Más interesados en las artes que en las armas. Yusuf con su fuerte convicción religiosa y su radical ortodoxia, se ganó el favor de los juristas malikíes y del pueblo. Así es como empieza una campaña de carácter expansionista por Al-Andalus. Granada, Sevilla, Córdoba, todo el sur fue incorporado. Valencia cayó en 1099 una vez muerto el Cid, su viuda Jimena no pudo hacer nada. Zaragoza lo haría en 1110. Su superioridad era evidente, tanto frente a andalusíes como a cristianos. El problema  se les presentó, cuando tuvieron que repoblar los territorios que iban conquistando.

El origen de este pueblo era bereber, ajenos al refinamiento, pero dotados de gusto, pronto fueron adquiriendo los modelos y “vicios” de los conquistados. Se dejaron llevar por una vida más placentera que la guerra o las luchas.

En 1118 puede decirse que empieza el declive almorávide. Alfonso I el batallador, puso de manifiesto su apodo. En el 1145 se puso fin a la dominación almorávide en España. Antes de irse, dejaron un importante legado a los andalusíes. Un profundo sentimiento de religiosidad. Una convicción de ser islámico.

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Texto: Mar Carmona. Amedina Córdoba.

Amedina Córdoba

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